sábado, 19 de junio de 2021

Derecho a vivir en naturaleza

 Volver a vivir en naturaleza : un derecho?


Casi dos terceras partes de la población mundial vive en ciudades de más de 2000 habitantes, es decir, sin conocer a la mayoría de su comunidad y con baja relación con la naturaleza. Un tercio vive ya en ciudades de más de 100,000 habitantes, donde esas relaciones, comunitaria y natural, son mínimas.


La mínima relación con el resto de personas bajo un sistema social y económico, reduce y va atrofiando la empatía, quizás incluso implica un proc si epi-genético. Sin empatía solo es posible mantener el grupo unido con mitos y abstracciones (religiones, patrias, leyes, dinero...), argumentos para el poder dela jerarquía, con una mínima parte dominante, que se creen superioridad (se perpetúan en el poder) ,y una mayoría dominada, a la que se le hace creerse libre de elegir entre opciones sin alterar las jerarquías  ( educación + alienación, empleo + competición, elecciones + mercadotecnia, consumo + publicidad, comunicación + manipulación...).


Por otro lado, la mínima relación con la naturaleza bajo un sistema urbanístico en el que una mínima parte del tiempo se anda sobre la tierra (vs. cemento y asfalto), se cuida de los cultivos (vs. compras de la agroindustria), se contemplan amaneceres y atardeceres (vs. tiempo de abducción por pantallas), se relaciona con animales en libertad (vs. mascotas domesti cadas y ganado sacrificado).., aumenta y va hipertrofiando el sntropocentrismo, muy posiblemente ya bajo un proceso epi-genético. En el antropocentrismo no hay otra posible relación con la naturaleza que la de someterla sin sensibilidad al daño que provocanos  (sacrificio de unas 6,000 animales por persona durante una vida, deforestación, extinción de especies...) y las alteraciones en los ciclos de la vida orgánica ( carbono a la atmósfera, nitrógeno ala tierra, fósforo al mar...) y sus efectos (como el más inminente, el desastre climático).


La superficie de tierra mundial, unos 150 millones de kms cuadrados, equivale a unas dos hectáreas por persona, y la superficie arable una media hectárea por persona.

Cada hectárea en cuidado armónico natural requiere el trabajo de unas dos personas, y alimenta a otras 8 de forma no cruenta y sana (vegana), y ecológica (en permacultura). Ello significa que para cuidar de nuestra salud y de la naturaleza en armonía, precisamos unas 800 millones de hectáreas (un 2.5% de la superficie arable) y unas 1500 millones, 2000 con niños y mayores, dedicadas a la más noble labor, a menudo despreciada, el cuidado de la naturaleza y de la alimentación sana, la base más importante de la salud y del bienestar humano.


Si los campesinos del siglo XXI van tomando progresivamente el rol de "guardianes de la naturaleza", podrían ampliarse las hectáreas a unas 20 hectáreas de pastos, bosque y huertas bajo el cuidado de familias o grupos de 10-15 personas. Aún con tal cuidado de la naturaleza, ello sólo ocuparía a una cuarta parte de la población mundial y una décima parte de la superficie arable.


La cuestión es : existen tantas personas dispuestas a abandonar las ciudades y volver a vivir en naturaleza, cultivar en permacultura y cuidar de la biodiversidad y los ciclos de la vida? Y aún más importante: qué proporción de jóvenes quiere vivir en el campo.


En condiciones de atrofia de empatía y de enquistado antropocentrismo, es muy poderoso el poder de atracción de la vida urbana, la pseudo libertad basada en pseudo verdades, la alienación alineada a mitos y modas, la competicion y la sumisión al poder y el consumo enajenado.


En mi opinión, la transformación social necesaria para volver a un mínimo grado de armonía natural y escapar al suicidio humano biocida, implica:


Primero, sensibilizar (término que debe ir reemplazando a "educar" -del latín : "engordar al ganado") :

- la necesidad de cuidar de la naturaleza.

- la belleza de hacerlo

- el reconocimiento social por hacerlo.


Segundo, favorecer condiciones de vida agradables  bajo dicho cuidado natural :

- bioconstrucción de viviendas dignas con acceso a agua y energía.

- acceso a comunicaciones.

- acceso a servicios de salud, educación y protección social.


Tercero, promover el "derecho a vivir en naturaleza" para las personas que quieran vivir en naturaleza y proveer de forma ecológica alimentos sanos.


En España, de donde soy, y en Cuba, donde vivo, hay más que suficiente tierra sin cuidar para que que unas 0,2 Ha/persona sean destinadas a  permacultura para el consumo local (no "explotar para el comercio de la agroindustria") y  silvicultura en conservación de ciclos naturales.


Se pueden promover programas de acceso a la tierra, sobre todo para jóvenes, con medios suficientes y formas de vida natural, un derecho de quien lo desee hacer y un pilar de la nueva humanidad en armonía con la naturaleza.





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