Viajé a las dos costas del Imperio, vía México, para reencontrarme con mi compañera en Berkeley y con mi hija en Brooklyn, tras tanta distancia y nostalgia durante esta pandemia..
Compruebo en las calles del poder tecnológico del oeste y del financiero del este que la mayoría de los viandantes tienen entre 20-50 años, sus mentes están anexas a un Smartphone y caminan apresurados entre los rascacielos y el tráfico.., hablan de códigos de software, redes sociales, influencers, series de Netflix y compras online, Los restaurantes muestran sus menús en códigos QR y nadie sabe de dónde viene a nada de lo que consume.. se pide el certificado de vacuna de Covid para acceder a cada lugar y todos sumisos muestran dicho pedigree sin cuestionar.. ya nadie sabe cómo funciona la telaraña del dinero que controla nuestras vidas y cada vez es más patente que los países, las elecciones, las naciones unidas o las decakarcion s de libertad y de justicia son retórica vacía ante el verdadero dueño de las vidas humanas, el capital, cada vez en menos manos..
A pesar del mundo feliz de Huxley y 1984 elevados a un nivel cuántico..prevalece bajo la piel de cada humano el deseo de saltar del rat-race y vivir en suave y sencilla armonía comunitaria y natural ...
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