viernes, 5 de noviembre de 2021

Dilema del comunismo en Cuba

 Cuba es uno de los pocos países que quedan en el mundo en el que solo se permite un partido político (el comunista) y con ello un sistema social, económico y de derecho, llamado socialista. Sin definir comunismo ni socialismo, se hace referencia al mismo en la Constitución y se menciona a Marx, Engels, Fidel Castro y Marti.

Las interpretaciones del concepto socialista son múltiples, y las referencias de los pensadores mencionados lo relacionan con muy diversos argumentos morales y éticos.

Díaz Canel aludió a la pregunta esencial del significado de "socialismo" recientemente (en el pleno del PCC de noviembre de 2021) y lo definió como el camino "al mayor grado posible de justicia social".

Esa definición lo conecta directamente con la referencia en la Constitucion al principio de equidad, que escapa a doctrinas, épocas, pensadores o incluso sistemas, pues se centra en el resultado (justicia: equidad) y no en los medios. En ese sentido, el marxismo relaciona su teoría económica con la ética de lo justo en una frase : "de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades".


Es curioso que tal esencia emana de la filosofía de Platón (el fin del humano es hacer el bien) y la teología de cristianismo (ama al prójimo como a ti mismo), que forjaron el pensamiento occidental, valores secuestrados por el feudalismo (religioso, militar y civil), el colonialismo (evangelizador, conquistador y explotador -que perdura-) que la revolución francesa desafiara por sus principios de "libertad, igualdad, fraternidad".


La politica económica cubana se centra en el marxismo, la más elaborada en cuanto al proceso. Y dicho proceso se basa en la propiedad del estado, de los medios de producción.

Curiosamente es la persona en sí misma y su pensamiento libre y creativo, incluso el que desafía doctrinas de pensamiento colectivo o jerárquico, el más valioso de los medios de producción. Y quizás por ello la puesta en práctica del marxismo ha supeditado a la persona y su libre pensamiento ante el fin del bien común, pero a tal grado que ahoga su libertad de pensamiento e innovación,el más valioso medio de contribución a dicho bien común. No es casual, sino causal, que ello lleve a fuertes "fugas de cerebros", en especial de los jovenes, y diría que cada emigrante lo es, la más dolorosa sangría de una sociedad.

Por otro lado, dos terceras partes de la economía en los países de mayor bienestar, se basan en los servicios, algo que no puede ser enteramente controlado por el Estado, y que , de hecho, salvo en los servicios ligados a los derechos, como salud, educación y justicia, han sido lentamente liberados en Cuba.

En la esencia de avanzar hacia los más altos grados de justicia, el proceso no implica necesariamente el control de la propiedad, la oferta y los precios (el temido mercado, tan destructivo en el capitalismo) por el Estado. Es más, tal afán de controlar lo que en un mundo globalizado es cada vez m nos controlable, ha ido fallando en todos los modelos de planificación centralizada en las últimas dos décadas. La oferta que no puede satisfacer tal sistema de control la ocupa el mercado informal no regulado, desbocado en especulación, abuso y consumismo, como está empezando a ocurrir en Cuba (sería interesante comparar Amazon con Revolico, ambas plataformas con tendencias de enajenación consumista).

La pregunta es : se puede liberar la dinámica social y económica del saber e intercambiar ( denostada como "neoliberal"), manteniendo niveles de justicia social y económica?

Mi humilde opinión es que si bien la globalización ha hecho que el control ex ante del Estado sea ineficiente y hasta contra-productivo, la digitalización permite potencialmente un sistema de transparencia del mercado que, sometido al principio de equidad (la justa distribución de la desigualdad) mediante equidad fiscal en patrimonio, rentas y consumos, puede,en el mundo complejo actual, permitir el avance hacia la justicia social y económica, incentivando a su vez la contribución individual y colectiva a los bienes públicos globales y en armonía con los límites planetarios.

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